La palabra “gentrificación” aparece cada vez más en conversaciones sobre vivienda, turismo, inversión extranjera y “cambios” en barrios o comunidades. Pero no siempre significa lo mismo para todas las personas. En algunos discursos se describe como “revitalización”; en otros, como un proceso de expulsión y pérdida de comunidad.
En español, la Real Academia Española define gentrificación como un “proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo” (RAE, s. f.). [1]
Desde la etimología, hay dos capas importantes:
La raíz “gentry” (inglés). “Gentry” se usaba para referirse a grupos “bien nacidos” o de estatus elevado, y con el tiempo también a una franja “acomodada” por debajo de la nobleza (con medios y ocio) [2]
La forma moderna del concepto: el término “gentrification” se popularizó en el campo de estudios urbanos a partir de la obra y el trabajo de la socióloga Ruth Glass [3], quien lo acuñó en 1964 para describir cambios de clase y desplazamiento en barrios de London [4] (Glass, 1964, como se reseña en materiales institucionales de University College London [5]). [6]
Ruth Glass
Una forma práctica de entender la gentrificación es verla como un proceso socioespacial donde cambian simultáneamente: quién vive, qué se construye o rehabilita, qué comercios aparecen, cuánto cuesta habitar el lugar y qué “tipo de vida” se vuelve posible allí. En la definición clásica, el elemento crítico es el desplazamiento (directo o indirecto) de población con menos recursos (Glass, 1964; RAE, s. f.). [7]
Decir “por qué ocurre” exige distinguir mecanismos que se combinan:
Un enfoque central en la literatura es el de la brecha de renta del suelo (rent gap): cuando existe distancia entre el valor actual de un suelo/edificación y el valor potencial que podría capturarse tras reinversión, cambio de uso o revalorización del área, se generan incentivos para que capital inmobiliario entre, compre, transforme y capture esa ganancia (Smith, 1979). [8]
Otro conjunto de explicaciones se enfoca en la demanda: cambios ocupacionales y culturales (nuevas clases medias, estilos de vida urbanos, preferencias por centralidad, “barrio caminable”, etc.) que elevan la presión por vivir en ciertas zonas.
En la práctica, la gentrificación tiende a aparecer cuando se juntan varios factores:
Mercados de suelo y vivienda que permiten capturar rentas (propiedad, alquiler, especulación, créditos) (Smith, 1979). [8]
Intervenciones o tolerancias del Estado: obras, permisos, cambios de uso de suelo, “renovación” urbana, incentivos, ausencia de regulación o fiscalización (Calle‑Vaquero et al., 2023; Molina Varela, 2019). [10]
Señales culturales y económicas que vuelven “atractivo” el lugar: marketing urbano, narrativa de “zona de moda”, seguridad, café-restaurantes, coworkings, etc. (Molina Varela, 2019; Calle‑Vaquero et al., 2023). [11]
Sobre desde cuándo se da, hay que diferenciar:
Desde cuándo existe el término/concepto: desde 1964 con Ruth Glass[3]. [6]
Desde cuándo se observa de forma extendida y “globalizada”: la literatura describe una expansión y diversificación del fenómeno más allá del barrio clásico, usando categorías como gentrificación “planetaria” o internacionalizada, con vínculos a finanzas, inversión transnacional y múltiples formas (incluidas zonas turísticas) (síntesis y discusión contextual en Molina Varela, 2019; y, para turismo urbano, en Calle‑Vaquero et al., 2023). [11]
El turismo no es “automáticamente” gentrificación, pero puede actuar como motor o acelerador a través de tres vías recurrentes: (a) reorientación del territorio al consumo turístico, (b) presión por alojamiento (hotelero y no hotelero) y (c) transformación comercial (restaurantes, tiendas, servicios) adaptada al visitante con mayor capacidad de gasto (Calle‑Vaquero et al., 2023). [12]
La turistificación suele definirse como la transformación de un lugar en un espacio eminentemente turístico, adaptado al visitante y a los intereses de la actividad turística, frecuentemente impulsada o tolerada por políticas públicas (Knafou, 1996, citado en Calle‑Vaquero et al., 2023). [12]
La gentrificación y la turistificación se parecen porque pueden compartir origen (mercantilización del espacio y captura de valor) y porque ambas pueden implicar desplazamientos. Pero varias propuestas analíticas subrayan diferencias útiles:
En gentrificación, el reemplazo típico es de residentes por residentes con mayor poder adquisitivo (RAE, s. f.; Marenzana et al., 2024). [13]
En turistificación, el reemplazo puede ser de vida residencial cotidiana por usos turísticos y alojamientos comerciales (por ejemplo, vivienda que “muta” a alojamiento turístico), y puede coexistir con procesos de despoblación o pérdida de residencia permanente en ciertas áreas (Marenzana et al., 2024; Calle‑Vaquero et al., 2023). [14]
Por eso, no siempre es correcto decir “es lo mismo”. Un barrio puede turistificarse sin “aburguesarse” de la misma forma, aunque sí se encarezca y expulse por vías indirectas (Marenzana et al., 2024). [15]
Con frecuencia sí, porque la turistificación es espacialmente selectiva: no ocurre de manera homogénea dentro de una ciudad o región turística; suele concentrarse en áreas centrales, frentes costeros, corredores de atractivo escénico o patrimonial, y en lugares con alta accesibilidad y “marca” territorial (Calle‑Vaquero et al., 2023). [12]
En destinos de playa, ese patrón se refuerza porque el paisaje (mar, accesos, vistas) se vuelve un activo de alto valor y la vivienda compite con usos turísticos (segundas residencias, alquiler vacacional, resorts), elevando precios y reduciendo oferta para residentado permanente (tesis aplicada a casos costeros en Costa Rica documentados por prensa e informes nacionales). [16]
“Turismofobia” es un término polémico. En el análisis comparativo de Barcelona[17] con Amsterdam[18] y Berlin[19] se plantea que muchas veces no describe literalmente una “fobia”, sino conflictos de convivencia vinculados con masificación de espacios públicos y mala planificación; y que el término ha sido interpretado como “odio al turismo” por algunos actores y medios, aunque el malestar suele apuntar a impactos y gobernanza del turismo (Alcalde García et al., 2018). [20]
En una lectura más general, la turismofobia suele emerger cuando la población siente que el destino se gestiona como negocio, que el turismo presiona vivienda y espacio público, y que la ciudad o territorio deja de responder a necesidades locales (Alcalde García et al., 2018; Ramírez‑Vázquez & De la Cruz‑Dávila, 2020). [21]
Hablar de impactos exige ir más allá de “sube todo” y distinguir cómo se distribuyen costos y beneficios. En la literatura crítica, la gentrificación se asocia a recomposición de clase, reorientación del espacio al consumo y desplazamiento/exclusión (Smith, 1979; RAE, s. f.). [22]
Los impactos sociales suelen concentrarse en:
Desplazamiento directo (desalojo, no renovación de contrato, aumento abrupto de alquiler) o desplazamiento indirecto (ya no alcanza para vivir allí; se pierde acceso a servicios, redes y oportunidades). Este punto es central desde la formulación clásica del concepto y se mantiene en discusiones actuales (RAE, s. f.; materiales históricos de UCL sobre Glass). [23]
Pérdida de redes comunitarias: cuando cae la residencia permanente y crece la rotación turística o de “temporadas”, se debilitan formas de vecindad (observación empírica clara en análisis sobre vivienda desocupada y alquiler de corta estancia en zonas turísticas). [24]
Conflictos culturales y simbólicos: cambios en idioma, normas de convivencia, usos del espacio público, y percepción de “pérdida de identidad” o de control territorial (documentado en encuestas y reportajes costarricenses). [25]
Los efectos económicos más repetidos incluyen:
Inflación inmobiliaria (precio de suelo y vivienda) y traslado de costos a alquiler, servicios y canasta. Este mecanismo aparece como patrón en reportes sobre zonas turísticas, donde el ingreso local no compite con capital externo (ejemplos y cifras en Guanacaste y otras costas). [26]
Cambio en la estructura comercial: negocios orientados a turistas y consumidores de mayor poder adquisitivo desplazan comercio de proximidad, elevando el “precio de vida cotidiana” (vínculo entre turistificación y gentrificación comercial descrito en literatura sobre turistificación urbana). [12]
Dependencia económica: cuando el territorio se especializa en turismo y bienes raíces, se vuelve vulnerable a shocks (pandemias, recesiones) y a empleos de menor estabilidad; esta tensión se discute en análisis nacionales sobre turismo como motor económico. [27]
En territorios turísticos, el impacto ambiental se vuelve parte del mismo circuito económico:
Presión sobre agua, gestión de residuos y saneamiento (infraestructura que no crece al ritmo de visitantes, segundas residencias o construcción acelerada). En Costa Rica, varias investigaciones periodísticas documentan tensiones alrededor de agua y gobernanza comunal (ASADAS), ligadas a desarrollo inmobiliario y turismo. [28]
Cambio de uso de suelo y pérdida de cobertura boscosa vinculada a urbanización costera. Casos como alertas por tala para “agilizar” urbanización en el Caribe sur muestran el vínculo entre valorización de tierra, planeamiento y transformación ecológica. [29]
Primero, una precisión honesta: “evitar” totalmente la gentrificación es difícil si el territorio está dentro de mercados de suelo altamente especulativos y sin regulación efectiva. Lo que sí se puede plantear —con evidencia comparada— es mitigar desplazamiento y redistribuir beneficios mediante políticas de vivienda, suelo, regulación turística y participación comunitaria.
Hay marcos de política pública que agrupan estas acciones como estrategias antidesplazamiento, que suelen incluir: diagnóstico temprano, protección a inquilinos, preservación o producción de vivienda asequible, captura de plusvalías, y gobernanza con participación local (Local Housing Solutions, 2022; Levy et al., 2016). [30]
Cuatro líneas con utilidad práctica (y su lógica):
Protección inmediata a residentes y arrendatarios
Medidas como estabilización de renta, control de desalojos, derecho a permanecer o instrumentos de “right to purchase” están pensadas para reducir desplazamiento directo en fases de alza acelerada (Local Housing Solutions, 2022; CAP, 2022). [31]
Aumentar y preservar vivienda asequible (sin esperar que el mercado lo haga solo)
La evidencia y revisiones de política señalan dos estrategias: producir vivienda asequible nueva y preservar la existente (fondos de vivienda, vivienda social, adquisición de edificios, etc.), porque el déficit de oferta amplifica la expulsión en mercados tensionados (Levy et al., 2016; Urban Displacement Project, 2021). [32]
Modelos de suelo con control comunitario
Los community land trusts aparecen en la literatura como herramientas para sostener asequibilidad a largo plazo al separar propiedad del suelo y controlar reventa/alquiler, funcionando como “barrera” frente a la especulación en contextos de presión (Thaden, 2020; Urban Institute, 2023). [33]
Regular el alojamiento de corta estancia cuando compite con vivienda
La investigación sobre alquileres de corta estancia indica que pueden reducir oferta residencial efectiva y presionar al alza precios de alquiler y propiedad; por eso, regulaciones (licencias, límites, fiscalización) se usan para proteger el parque residencial, especialmente en áreas saturadas (UNECE, 2022; Hidalgo et al., 2026). [34]
En territorios turísticos, un principio transversal es: si el turismo y el mercado inmobiliario generan plusvalías, una parte debe capturarse y reinvertirse en vivienda, infraestructura y servicios para residentado permanente (marco coherente con enfoques antidesplazamiento y con debates sobre sostenibilidad turística). [35]
En Costa Rica, el debate sobre gentrificación se cruza con al menos cinco piezas: (1) turismo como eje económico, (2) inversión inmobiliaria en costas, (3) migración de larga estancia (incluyendo “expats” y nómadas digitales), (4) planificación territorial desigual, y (5) conflictos por bienes comunes (agua, acceso a playas, bosque, paisaje).
Para dimensionar por qué la discusión es tan sensible: el turismo tiene un peso relevante en el PIB. La Cuenta Satélite de Turismo del Banco Central de Costa Rica[36] reporta aportes directos y efectos indirectos en los años 2012–2016, y muestra el 6,3% como aporte directo del turismo al PIB en 2016, con el componente indirecto elevando el total (presentación/infografía institucional). [37]
Casos documentados y patrones visibles
Santa Teresa[38] (costa pacífica) y el choque alquiler–salario
Un reportaje describe cómo el turismo internacional y la llegada de residentes extranjeros elevan el costo de vida y vivienda, con aumentos de alquiler muy severos y desplazamiento de residentes locales y trabajadores hacia zonas más baratas; también documenta precariedad habitacional (cuarterías), presión sobre residuos y saneamiento, y una economía local estratificada por nacionalidad y tipo de empleo (Morales, 2023). [39]
Nosara[40] y el mercado de alquiler “para presupuestos externos”
Investigaciones periodísticas muestran alzas de alquiler vinculadas a demanda extranjera, rotación de contratos cortos y la lógica del alquiler vacacional; también aparece el rol de plataformas y la idea de que el arrendamiento de corta estancia puede rendir en un fin de semana lo que un alquiler residencial da en un mes (Román, 2023). [41]
Guanacaste[42]: construcción, inflación inmobiliaria y casas vacías
Hay evidencia convergente desde academia, prensa y datos estadísticos:
Un reportaje documenta que la provincia tiene el porcentaje más alto de viviendas desocupadas (19,4%) según la estimación de vivienda 2022 del Instituto Nacional de Estadística y Censos[43], y que en la línea costera la cifra de casas vacías puede subir hasta 60% (Esquivel, 2024; INEC, 2023). [44]
En paralelo, una nota reporta incrementos de hasta 400% en precios de propiedad en costas de Guanacaste entre 2020 y 2023, citando al observatorio OBTUR‑UNA y conectándolo con movilización de capital tras la pandemia y aumento de metros cuadrados tramitados para vivienda y comercio (Nuñez Chacón, 2024). [45]
Playa Negra[46] (Caribe sur) y conflicto socioambiental por urbanización
En el Caribe sur se reportan alertas por tala de bosque asociada a presiones de cambio de uso de suelo para urbanización, en un contexto de alto valor de la tierra y disputas por planificación costera; el mismo reportaje interpreta estas transformaciones como parte de tendencias de gentrificación y modelos urbanísticos orientados a estratos con mayor capacidad de pago (Pomareda García, 2024). [29]
En términos analíticos (y con evidencia costarricense reciente), se pueden distinguir agentes que operan juntos:
Compradores e inversionistas (nacionales y extranjeros) que adquieren tierra/vivienda como inversión, segunda residencia o negocio turístico. [47]
Sector inmobiliario y de corretaje (desarrolladores, gestores de alquiler vacacional, intermediarios) que profesionalizan la captura de rentas y escalamiento del mercado. [48]
Plataformas y economía de alquiler de corta estancia que vuelven rentable retirar vivienda del mercado residencial permanente (cuando no hay regulación o fiscalización efectiva). [49]
Instituciones públicas y gobiernos locales en la medida en que habilitan, toleran o no controlan cambios de uso de suelo, densidades, construcción y gestión de bienes comunes (agua, acceso a playas); y en tanto el diseño institucional puede producir vacíos regulatorios. [50]
Un punto especialmente sensible en la discusión costarricense es que las políticas migratorias y de atracción de visitantes de larga estancia pueden interactuar con mercados locales de vivienda.
Por ejemplo, la Ley N.° 10.008 (“trabajador o prestador remoto de servicios”) establece objetivos explícitos de atraer trabajadores remotos para fomentar visitación de larga estancia y gasto de origen extranjero; regula plazos de estancia, requisitos de ingreso y beneficios (incluida exención del impuesto a las utilidades para beneficiarios, y reglas sobre importación de equipo, licencias y cuentas bancarias) (Costa Rica, 2021). [51]
La respuesta más responsable es: puede traer inversión y mejoras, pero sin políticas antidesplazamiento suele operar como amenaza para la continuidad comunitaria.
La narrativa “oportunidad” suele apoyarse en que la inversión puede traer infraestructura, comercios, empleo y servicios. Sin embargo, la propia discusión clásica recuerda que si un grupo entra por capacidad económica, otro puede salir por incapacidad de sostener costos (RAE, s. f.; UCL sobre Glass). [23]
En Costa Rica, la evidencia reciente apunta a que, en varias zonas turísticas, el aumento de precios y la orientación del mercado hacia presupuestos externos genera exclusión residencial y desplazamientos (Morales, 2023; Román, 2023; Esquivel, 2024; Nuñez Chacón, 2024). [52]
Además, la percepción ciudadana recoge esta tensión: el informe nacional de IDESPO‑UNA sobre residentes de EE. UU., Canadá y Europa muestra amplios acuerdos con enunciados sobre apropiación de terrenos en zonas costeras (86,8%), encarecimiento de propiedades (76,9%) y costo de vida (62,2%); y también alta proporción que considera necesaria una ley para regular venta de terrenos de alto atractivo escénico (82,4%) (IDESPO‑UNA, 2025). [53]
Dicho de otro modo: incluso cuando hay reconocimiento de aportes, persiste preocupación por el rol “gentrificador” asociado a encarecimiento y apropiación territorial (IDESPO‑UNA, 2025). [53]
En la esfera pública aparecen propuestas y movimientos que apuntan a: regulación de compra de tierra por extranjeros, certificación y control del corretaje, fortalecimiento de gobernanza comunitaria del agua, control de “visa runs”, garantías de acceso a playas, sanciones por delitos ambientales y ratificación del Acuerdo de Escazú[54], entre otros (Arroyo, 2025). [55]
Estas propuestas son relevantes porque conectan gentrificación no solo con vivienda, sino con bienes comunes (agua, ambiente, acceso al litoral) y con la estructura de un modelo turístico-inmobiliario (Arroyo, 2025; Pomareda García, 2024). [56]
Alcalde Garcia, J., Guitart Casalderrey, N., Pitarch Mach, A., & Vallvé Fernández, Ó. (2018). De la turismofobia a la convivencia turística: El caso de Barcelona. Análisis comparativo con Ámsterdam y Berlín. ARA: Journal of Tourism Research, 8(2), 25–34. [20]
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Calle‑Vaquero, M. de la, García‑Hernández, M., Mendoza de Miguel, S., & Ferreiro‑Calzada, E. (2023). The touristification of urban spaces: measurement proposal / Turistificación de espacios urbanos: propuesta de medición. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, (99). [12]
Costa Rica. (2021). Ley para atraer trabajadores y prestadores remotos de servicios de carácter internacional (Ley N.° 10.008). Sistema Costarricense de Información Jurídica (PGR). [51]
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[1] [13] [19] [23] gentrificación | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE - ASALE
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[2] Gentry - Etymology, Origin & Meaning
https://www.etymonline.com/word/gentry
[3] [9] [11] 05-MOLINA.indd
https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/sociales/article/download/38519/39323/130858
[4] [14] [15] digitum.um.es
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[5] [29] [50] UCR alerta de tala de bosque para “agilizar” urbanización de zona costera en Playa Negra en Puerto Viejo • Semanario Universidad
[6] [7] [54] [63] A voice for post-war London: Ruth Glass, sociologist who coined the term ‘gentrification’ | About UCL
[8] [22] Toward a Theory of Gentrification A Back to the City Movement by Capital, not People
https://www.miguelangelmartinez.net/IMG/pdf/1979_smith_gentrification_japa.pdf
[10] [12] [43] The touristification of urban spaces: measurement proposal / Turistificación de espacios urbanos: propuesta de medición
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[16] [39] [52] Gentrificación: El lado oscuro del paraíso turístico de Costa Rica | Planeta Futuro | EL PAÍS
https://elpais.com/planeta-futuro/2023-01-08/el-lado-oscuro-del-paraiso-turistico-de-costa-rica.html
[17] [60] admin.inec.cr
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[18] [20] [21] [40] [42] ARA Revista 2018 Volum 8 Nº2.indd
https://revistes.ub.edu/index.php/ara/article/download/21980/28461/59878
[24] [44] [58] Guanacaste: un paraíso turístico con casas vacías
https://vozdeguanacaste.com/guanacaste-paraiso-turistico-casas-vacias/
[25] [53] [59] d1qqtien6gys07.cloudfront.net
[26] [45] Precio de propiedades en Guanacaste se incrementó hasta un 400% entre 2020 y 2023 • Semanario Universidad
[27] [37] Cuenta Satélite de Turismo
[28] [41] [48] [49] [61] Nosara: burbuja inmobiliaria encarece alquileres para la clase media
https://vozdeguanacaste.com/burbuja-inmobiliaria-encarece-alquileres-nosara/
[30] [31] [36] Developing an anti-displacement strategy
[32] [35] In the Face of Gentrification
[33] [38] Community Land Trusts
[34] UN study on short-term rental housing highlights need to ...
https://unece.org/media/press/374564?utm_source=chatgpt.com
[46] [51] Sistema Costarricense de Información Jurídica
[47] [55] [56] [57] Citizen groups gather proposals to curb gentrification in Costa Rica
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[62] How Ruth Glass shaped the way we approach our cities | UCL Bartlett Faculty of the Built Environment
https://www.ucl.ac.uk/bartlett/news/2015/jan/how-ruth-glass-shaped-way-we-approach-our-cities
[64] Ruth Glass and coining ‘gentrification’ | UCL Bartlett Faculty of the Built Environment
https://www.ucl.ac.uk/bartlett/ideas/100-years-bartlett/ruth-glass-and-coining-gentrification